10.6.17



Serie de diez carteles NUEVOS {numerales}

¡Cualquier día!


El día está repleto de luz.
La luz se esconde pasando minutos y horas.
Sentimos el fresco de la brisa que te golpea con suavidad.
El pájaro que dice sentimientos con un trinar ininterrumpido.
El sol se hace fuerte y redondo llenando de luz y calor el estar.
Alrededor vuelan insectos que se posan con temor.
Temor de que no se le dé la importancia de su volar diferente.
A lo lejos una secuencia de nubes oscurece al tiempo.
Y éstas comienzan a reclamar atención.
La lluvia las prepara para respirar con mejor limpieza.
El árbol se esconde para no dejar ver sus hojas humedecidas.
Y el canto delicado de ese alguien se impone por encima de la propia respiración.
El canto es humano y de una suavidad deliciosa.
Tiembla la palabra vuelta poesía.
Las flores adornan a todo aquello que nos imaginamos.
Los recuerdos se hicieron presentes para no darle su lugar.
Una ramita dice que es joven su crecer.
Y lo verde se muestra con diversos tonos.
Las lágrimas se presentan para decir lo sensible que podemos ser.
La voz se vuelve armonía de lo que imaginamos.
Y ésta se da vuelo para ser orden del pensamiento.
También escribir nos asombra con lo que decimos a manera de diálogo interior.
Caminar nos aleja de lo que vivimos y le da un lugar a lo imposible.
Escribo en una hoja que está contenta de contener tantas palabras esperadas.
Y digo lo que se reúne en esa parte del cerebro que nos confronta.
Lo hacemos cargado de interés y dejando que se nos entienda.
Por otro lado el corazón late dispersando alegría.
Los suspiros alientan al oxigeno, que necesita asegurar que seguirá con nosotros.
La ropa cubre al cuerpo con cariño y delicadeza.
Lo hace para que no suframos de perdida.
Y sabe de lo que hacemos para combinar cada parte de ésta.

Todo se repite una y otra vez haciendo que sintamos lo válido de cualquier día.

25.5.17




El paisaje reciente.


En días pasados tuvimos que salir en busca del paisaje.
Este se extendía, cansado, tratando de llegar al lugar de destino.
La vegetación, diferente a la que estamos acostumbrados, se dejaba ver.
La carretera, como una simple línea, era infinita.
Casi no se esforzaba para alcanzar a alguna curva.
En el automóvil, que nos trasladaba, solo el sonido cansado del motor primaba.
Líneas amarillas dobles y simples se dibujaban en el negro o gris asfalto.
Otra roja aparecía cada cierto tramo.
La cinta asfáltica subía y bajaba sin detenerse.
En un momento apareció una montaña que asombraba por su dimensión.
Y su nombre para ser reconocida: “La Malinche”.
Una elevación volcánica activa y muy árida que se levantaba a más de 4,400 metros de altura.
El tedio se dejaba alargar presentándose con tremenda continuidad.
Los letreros que anunciaban los kilómetros recorridos o por recorrer, aparecían para asombrarnos.
Tras el largo camino, la distancia no había avanzado.
Y lo que  quedaba por llegar era interminable.
Preguntando qué habíamos dejado atrás para tener alguna referencia.
De pronto el transcurrir y el paisaje se paralizaron.
Un túnel abierto al otro extremo nos devoró.
La semioscuridad nos saludaba con cierta discreción.
Algún puente le daba certeza a la continuidad de la carretera.
Llegado a la ciudad el paisaje congelado de cemento se mantenía.
Solo la bienvenida humana, cambió en algo lo lineal del camino.
La actividad se tornó plática, aplausos y afectos.
Y el instante se apresuró en volverse otra vez igual que el ir.
Lo que primó fue un exacto reflejo de lo que habíamos vivido.
Nada cambió, padeciendo lo mismo, para asegurar que volvíamos a nuestro inicial lugar.
Salvo la noche que se apuraba para hacernos olvidar a la monotonía del paisaje.
La claridad se iba borrando y ocultando lo que habíamos vivido.
Fue prácticamente un instante en ese repetido día.
Y al día siguiente solo quedó el recuerdo de todo lo que vimos.

Y contar lo largo del paisaje y lo repetible una y otra vez.

15.5.17




Las letras que nos ayudan a entender.

Es maravilloso como reuniendo letras pueden formarse palabras.
Y con ello, entender muchos criterios.
Repletos, que se desbordan en ideas.
Palabras que se presentan queriendo explicar sus contenidos, entusiasmadas.
Cada letra tiene una infinidad de combinaciones que expresan sus decires.
Todas las palabras dichas se transforman en un innumerable grupo de letras.
Las hay mayúsculas y minúsculas o sea altas y bajas.
Las letras tienen una inmensa variedad de tipos de diseños.
Se dividen en consonantes y vocales para reconocer su lectura.
Las vocales suman cinco y se tornan en débiles y graves.
Está más relacionado a lo fonético que a lo escrito.
En el alfabeto español solo existen cinco vocales y más consonantes.
En otros idiomas hay palabras que no poseen vocales.
De todas maneras cuando aprendes a escribir y leer en un idioma, se hace más fácil.
Unir letras al que le vas a dar un significado ayuda al lenguaje.
No importando todas las divisiones y connotaciones dadas a las letras.
Si es de esta manera lo que escribimos, su combinación es lo que importa.
Lo que escribimos queremos que aparezca diciendo intensiones definidas.
Escribes un poema y lo repletas de ideas dichas con encanto.
Al escucharlo sentimos que las palabras saltan de gozo.
Si aparece escrito necesariamente lo decimos para confirmar lo escrito.
Las letras se unen y corren encantando al que las ve.
Le decimos que se comporten como si hablaran calmadas.
Platicarlas con tranquilidad ayuda a darle todo el significado indispensable a las palabras.
Esas letras que aprendimos de pequeño y que mantenemos para saber leer.
Por lo general hay algunas que nos enamoraron desde infante.
Y aún siguen comportándose amorosamente con nosotros.
Por ejemplo la “ñ” que la han querido desaparecer.
Sin darse cuenta que perderíamos tanto y un hermoso contenido.
Las letras están con nosotros porque las necesitamos.
Aunque existen quienes no saben de su valía y contenido.

Pero pienso, que esos están ciegos y sordos a todos los contenidos de que somos capaces.