18.1.17



De la serie ¡Adivina!

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¿Qué tanto significan las fiesta decembrinas?

El hombre a lo largo de su historia ha creado instantes de asuetos.
Ese momento representa un alto en el decursar de su vida.
Instantes creados para estar alegres, dicen que mejor.
A veces en situaciones un tanto forzadas.
Pero no importa, con tal que el tiempo se vuelva festividad.
Eso significa como una especie de cambio en su cotidianidad.
Cualquier oportunidad puede hacerse válida para convertirse en fiesta.
Desde lo religioso hasta lo más pagano.
Días y días se tornan celebraciones.
Familiares y oficios son recabados para hacerlos partícipes.
Se regalan y esto se torna un reto a la imaginación.
Qué darle a quién se festeja es la pregunta y la acción.
Un cumpleaños es muy importante porque la vida te dice que creces.
En años y no tanto en inteligencia y comprensión.
Somos halagados y nos sentimos más que complacidos.
En ese instante, algunos hacemos recuento de lo que hemos hecho.
Otros se dejan querer y como se dice acá, hasta “apapachar”.
Aunque esa expresión se me hace como aplastar.
Puede que una fiesta llegue a convertirse, económicamente en algo de eso.
El mes de diciembre es como el tope de las fiestas.
Todos se ponen a prueba para tomar su ración.
En cualquier espacio de trabajo hay celebraciones.
Y que decir de lo familiar desbordándose en atenciones y complacencias.
Dejamos a todos los que queremos un algo de recuerdo vuelto regalo.
Una postal de “feliz año” es un detalle para mantenerte dentro de la celebración.
Todo cambia de color y hasta la luz se deja apreciar más brillante.
Nos hacemos acompañar por los seres más apreciados.
Éstos se desviven para que nuestras fiestas se mantengan llenas de alegría.
Los contratiempos se tratan de borrar con sonrisas y música.
Inevitablemente las festividades están cargadas de comidas y bebidas.
Claro que las hay en mayor escala que prohiben el consumo de esta última.

Solo para evitar que la fiesta se empañe y sigamos disfrutando. A como sea.

30.12.16


Carta de lotería proyecto Formato Libre


El baúl de los olvidos.

De la misma manera que existe ese para los recuerdos hay otro para el olvido.
Por qué tener un tipo de mueble así?
Si son los olvidos es algo que no nos interesa conservar
Estamos apresurados en que desaparezcan.
Y qué podemos guardar ahí?
Tal vez, esos pensamientos o acciones que nos incomodan.
Que nos gustaría borrar para siempre, abandonándolo a que desaparezcan de nosotros.
Algún mal momento donde el discutir se impone.
Hacer que lo contradictorio sea el resultado del momento en cuestión.
Quizá un pensamiento, nada agradable, que navegue por el recuerdo.
Una acción incomoda que hace renacer una y otra vez al malestar.
Algo triste que aparece como una constante, siempre.
O una noticia que llega con suficiente fuerza para que parezca real.
Gritos que retumban para acabar con la tranquilidad del lugar.
Incluso una música fuera de su tiempo y que nos enoja.
El error que pone en evidencia nuestra inteligencia.
Una agresión que fue vivida por nosotros.
El llanto de una persona mayor que cimbra a la emoción.
Una llamada inesperada reportando alguna desgracia irreparable.
A la suerte que se presenta para decirnos adiós.
El instante feo que se torna recurrente.
El dolor que aprieta burlándose del equilibrio que demostramos.
Cuando desaparece un objeto querido y que ya no volveremos a ver.
El engaño que hace tanto daño que ya lo deseas desaparecer.
Pero, se mantiene en la memoria eternamente.
Los amigos que en verdad no lo son pero nos lo hacen ver.
La vida pasada y falta de acontecimientos.
Y el futuro que no llega, porque se confunde con el ayer que necesitamos olvidar.
Siempre son muchos los aspectos que tenemos que guardar en ese baúl de los olvidos.
Es mejor dejarlo dentro de ese espacio y que se añejen en su tiempo.
No deseamos que se acumulen y en su momento quieran salirse.

El baúl deberá tener doble llave para que ningún olvido quiera escaparse.