22.4.17


Cartel cubano de cine - 1971

La mar, nada olvidada

Hace tiempo que no la veo ni la siento.
Incluso ni la respiro ni toco.
Solo la imaginación y la memoria me tienen en contacto.
Así la puedo respirar y oler.
Hasta me da su sabor a sal concentrada.
Y lo más apreciable su rumor cuando llega a la costa.
Incluso veo las gaviotas peleándose con ella.
O al vapor haciéndose flotar en su ligereza.
La humedad salpica las rocas que le acompañan.
Y la arena que es como el talco que adorna la cara de la mar.
Se viste de las estaciones que le permiten intensidades.
Recordando cuando se enoja y desborda energía.
O cuando solo es un susurro delicado que llega para asegurar que está.
La mar cambia de colores dependiendo del clima.
Su azul es profundo como un abismo imaginado.
Bañarse en sus aguas te limpia de todo lo que crees insano.
Es inmensa y única en su presencia.
El calor llena sus aguas de lo tibio natural del ambiente.
Lo glaciar es inimaginable para quienes le adoramos como ente de placer.
Sus olas desaparecen en la rigidez de lo helado.
Que hermoso es ver a éstas chocar contra la costa dejando su sonido marino.
Los peces se entretienen asustando a los que le acompañan.
El mar nocturno se esconde y no se deja ver.
Está ahí, pero solo el oleaje hace saber que podrá apreciarse.
La luna se presenta para hacer que el horizonte se divida en dos.
El sol le ilumina para que su color no se olvide.
Flotamos en sus aguas solo en el recuerdo.
Y lo sentimos como algo que necesitamos para estar seguro que retornaremos a él.
¡Oh! mar inmenso que te quedas en nuestros recuerdos.
Estas perdido en el interior de la memoria.
No te puedes esconder porque apareces una y otra vez.

Seguiremos viviéndote sin poder ni querer olvidarte.

7.4.17


Cartel cubano de cine - 1970

El columpio que nos hace volar

Qué hace este objeto del entretener?
Nos mueve según la edad y las ganas y fuerzas.
Mecernos es su función principal.
Crear la sensación de volar agarrado a sus cuerdas laterales.
Impulsar nuestro cuerpo para recabar fuerzas al mecido.
Generalmente se cuelga de un árbol o de una estructura ad hoc.
Cuando éramos pequeños, nuestros padres nos impulsaban para tomar mayor velocidad.
El aire que acompañaba el vaivén del cuerpo era fuerte y vigoroso.
Pienso que las lianas de los árboles fueron sus inicios.
Tal vez, el hombre primitivo se divertía saltando y bamboleándose.
De rama en rama como es parte del conocimiento popular.
Columpiarse es una palabra que te da disfrute.
Ya sea sentado o parado en una cuerda anudada.
Me pregunto por qué es tan placentero mecernos en brazos del aire.
O sea abrazado por éste, que intenta seducirnos y hacernos sentir flotando.
Lo que queremos es un objeto que sea capaz de romper la inercia que tenemos.
Nos imponemos un equilibrio al caminar o mantenernos sentado.
Encontrar ese algo que te ayuda a ser diferente en tu relación con la gravedad.
Hay quienes se lanzan buscando las alturas con mayor atrevimiento.
Los columpios, hay de cuerdas o cadenas que le sostienen.
Siempre el asiento es una base de madera, que da seguridad al cuerpo.
En los parques de entretenimiento existen áreas para su uso.
Son tubos de metal que sostienen un número determinado de los llamados columpios.
A la vez se mecen hacia adelante o atrás y a la inversa.
En el lugar, se escuchan gritos de júbilo que le dan cierta festividad.
El cuerpo se desplaza surcando el aire y dominado por el asir de las manos.
Son las cuerdas que lo mantienen y lo dejan disfrutarse.
Algo que caracteriza al mecido es un sonido metálico que le descubre su rechinar.
Claro, esto es cuando lo mecánico sustituye a lo natural.
Si es un árbol la pieza de sostén del columpio, solo el mecido del cuerpo se privilegia.
De todas maneras se impone una cierta tranquilidad y da al cuerpo su interacción.

Son, la misma naturaleza, el movimiento y el flotar en el viento lo que prima.

22.3.17



Cartel cubano de cine - 1973

El primer día de este mes

Llegó marzo con sus ganas de ver crecer las flores.
Donde los pájaros serán multiplicados.
Aparentemente una estación en que los humanos son más sensibles.
Donde hay ciclos de vida y dicen, de energías muy diversas.
Tal vez, porque su nombre deriva de Marte, el planeta rojo.
El tercer mes que arma invariablemente la fuerza de cada año.
Esto en el calendario gregoriano y su primero en el romano.
Ahí, da comienzo  la primavera que caracteriza la composición de sus días.
Y que los llena de colores y olores para hacer de éste un mes agradable.
Podemos ver como las nubes se reúnen a comentar lo necesario de su fluir.
La vegetación, que abusada del otoño, se torna más verde.
Y las hojas se reúnen a celebrar que ya no serán tan débiles por su caída constante.
La lluvia será como una grande regadera que mojará con suavidad al paisaje.
Y verá crecer cuantas plantas y seres vivos se les presente.
Le dirá adiós al frío y permitirá un clima de benevolencia.
Las flores serán el regalo que la naturaleza le hace a este mes.
Dándole diversidad y colorido a sus anchas.
Cada día será una suerte de alarde natural.
Crecerán más plantas adornadas de sus florales formas.
Los habitantes del bosque saldrán a buscar a sus pares para mantener su especie.
Además, el primero de marzo se acentúa porque sigue a un mes corto.
Comenzamos la cuenta de los días venideros con el número uno, que es el que ordena.
Y seguimos mirando a los demás días hasta llegar al 26 que representa otro mes en nuestras vidas.
Y al siguiente, me transporta a la memoria de hace 76 años, cuando nací.
Claro que no lo puedo recordar, pero lo dicho se vuelve realidad y parece que lo describo.
Así, el mes de marzo se hace término y llega hasta el 31.
Para comportarse largo y cargado de semanas y recuerdos.
Con muchas comparaciones para verlo más interesante.
Sin dudarlo un instante, para mi es un mes muy importante.
Lleno de recuerdos y esos valores extras, que te da el haber logrado vivir en y por él.
No importa si es el tercer mes o contiene al inicio de la primavera.

Lo cierto es que me vio nacer y eso es bastante responsabilidad para un solo mes.