22.8.16


Cartel migración


Para conocerlos mejor


Cartel elegido para la 14a. Bienal Internacional del Cartel en México, 2016
Categoría C

La luz de la mañana

Cuando la noche termina de descansar, la mañana se despierta.
Junto con su abrir de luz aparecen las más disímiles formas.
Pero, también los sonidos que avivan al día.
Incluso esa palabra, día, define un instante.
Todo lo que nos rodea se llena de vida.
Los pájaros se comentan como durmieron.
Y las hojas de los árboles se comienzan a estirar, para situarse en su lugar.
Así la luz de la mañana parece hacerse más alta.
Va subiendo para controlar todo lo que se deja ver.
Aún, sin estar de pleno el sol, la luz ilumina.
Se observa de otro color, que no es tan radiante.
Pero nos proporciona una visión clara de lo que tenemos frente.
La podemos tocar con suavidad y ella se deja.
La luz repleta de sol es cálida y tan brillante que nos hace cerrar los ojos.
Pero algo en nuestra tiniebla interior quiere apreciarle.
La luz clara alumbra cualquier subterfugio escondido dentro de nos.
Y esto puede evidenciar un estado anímico no favorable.
La mañana también es un abrir al día.
Puede comportarse con la claridad que esperamos.
O tal vez con lo parcialmente nuboso.
Claro, que ésta sirve para desear la luz brillante que nos gusta.
La bruma dibuja de grises lo que vemos.
El sol le da pinceladas de colores cálidos a lo que percibimos.
Así, podemos disfrutar de lo que oímos como una serenata.
Y los olores de tanta vida que nos acompaña?
Pues la luz los impregna de riqueza olfativa.
Y les sentimos entrar en nuestras sensaciones con intensidad.
Por tanto, la mañana no solo guarda el volver al mundo del todos los días.
Brinda un sinnúmero de estímulos que disfrutamos.
Cada vez con más intensidad porque se arma de la experiencia.
La mañana es siempre única y diferente.

La luz hace que ésta sea tan diversa como esperamos o necesitamos.

Mirar el mar o el campo

Cualquiera de los dos es una suerte.
Uno es vasto.
El otro adorna.
Al mar le hace creer en la inmensidad.
Y al campo le ayuda a sentir la naturaleza.
El cielo los cubre a los dos.
En el mar le gusta verse azulado.
Y el campo cambia de color si está claro u oscuro.
Las olas son el saludo que nos brinda el mar.
Y la brisa cargada de olores vegetales es el regalo campestre.
La marea sube o baja para enamorar a las costas.
El mar oculta su vida entre la superficie y lo profundo.
Sus habitantes se escurren velozmente. 
En el campo el vuelo apresurado de los pájaros nos alertan.
De todas maneras el mar y el campo son un regalo.
A todos los sentidos que se regodean al máximo.
Olores disímiles aparecen y se esconden en cada rincón.
Se sumergen o salen volando en busca de lo hermoso.
El lenguaje de uno u otro es sincero.
Tanto, que cuesta trabajo decidirse por cuál es el más claro.
Ahí están mar y campo dejándose ver.
Se les disfruta y en ocasiones, venera,
Uno se sacude y salpica gotas convertidas en olas.
El otro aspira y respira con la bruma matinal.
En el mar se ven barcos que parecen pastar desmedidamente.
Y en el campo el ganado navega entre el fruncido pasto.
La noche traviesa los oculta a los dos para que no se celen.
Y el sol le pone al mar el calor que el agua refresca.
Y en el campo, para poder utilizar los árboles, como sombrillas verdes.
Por eso no me decido si mirar al mar humedecido.
O al campo cargado de tanto habitat, que le ayuda a verse más bonito.

Haré la prueba de observarlos detallada e indistintamente para quedarme... ¿con cuál?

19.7.16


¡El amarillo, me gusta!

Es un matiz que se hace sentir cálido.
Tan cálido que colorea al sol en su inmensidad.
Aunque, en sus orígenes él quiso ser azul.
Solo por llevar la contraria a quien le propuso fuera amarillo.
No quiero ni imaginar lo que ocurriría si el sol fuera de ese color.
De lo cálido a lo frío, todo sería un caos.
Lo brillante se tornaría pálido.
Los amaneceres se sentirían tristes y sin ganas de estar.
Incluso ya no calentaría.
Puesto que sus rayos se calmarían en su ardor.
El azul lo haría tenue.
Pero, volvamos al amarillo para darle el valor que merece.
Está en todas parte de la naturaleza.
Las hojas que fueron verdes se dejan dominar por el amarillo.
La luz que es así se le nombra incandescente.
Por lo general, antecede al rojo en los llamados alertas.
Lo vemos en el semáforo y en los estados críticos del clima.
Se complace aparecer en la piel de algunos pueblos asiáticos.
El negro ayuda al amarillo a ser la combinación de mayor contraste.
Una simple raya amarilla puede ser de prevención en el tránsito de las ciudades.
También se vuelve hermoso cuando tiñe con su matiz a las flores.
Sobre todo al girasol, que se convierte en una forma repleta de su color.
La vestimenta humana compite con el amarillo para lucirse.
Los animales decidieron utilizarlo para aparentar mejor su diseño.
Ahí tenemos al gallo, que pinta sus plumas de diversos amarillos.
Porque eso es cierto, no es solo un tono en su color puro.
Los hay intensos, claros y pálidos.
El arte se ha dispuesto a dignificarlo al extremo.
Derrochando su hacer con la intensidad maravillosa de este color.
La gama cromática lo hace merecedor de toda la atención.
El amarillo es mi selección natural en el trabajo de diseño gráfico.

Incluso aparece en la música, como: “Me gusta el amarillo, ese es mi color”.

¡Estoy pensando!

Pensar es darle forma a las ideas en nuestra mente.
Las ideas se aglomeran y les buscamos un orden.
Después las queremos ver de alguna manera.
Por lo general son reflejo de nuestra propia realidad.
¿Entonces puede ser que el pensar tenga distintos aspectos?
Claro, por eso el que es más imaginativo piensa más.
Es su condición de vida hacer esto.
El pensar se transforma en imágenes reales.
El pensar se sumerge en la reflexión cuando lo probamos.
Y así, por ello, le damos la característica de prueba.
Con esto se torna evidente y claro.
Pudiendo convertirlo en las formas visibles.
El pensar es por entero de los humanos.
Pensar obliga a la atención a estar alerta.
Las opiniones se aclaran cuando están vestidas del pensar.
Incluso existe un adagio que es sabio: “Pienso luego éxito”
Quiere decir que la existencia verdadera está controlada por éste.
Es darle al pensar toda la importancia en su indispensable contexto.
El pensar nos hace verdaderos.
Cuanto más pensemos, encontraremos la propia razón de vida.
El pensar se acomoda para ampliar y aceptar a la inteligencia.
Incluso se habla de un refrán que asegura lo dicho.
Como: “Dos cabezas piensan mejor que una”.
Aumentando la razón del pensar.
El pensar también se materializa a manera de nubes.
Y éstas van cargadas de ideas que refieren al amplio pensar.
El que mucho piensa llena de valores a su inteligencia.
Pensar y crear, son continuidad de lo que nos mantiene erguidos.
Le damos el justo lugar al pensar para sentirnos coherentes con lo que necesitamos.
Hay quienes esperan a la noche para sacar sus ideas vueltas pensamientos.
Pero creo, que el pensar necesita del ejercicio que le mantiene fresco y activo.

Pensar me hace ver muchas cosas y con ello poder volar a donde quiero.

Y qué podemos decir del leer?

La lectura es un instrumento para el conocimiento.
También es una manera de entretener ejercitando al intelecto.
Es utilizar el tiempo en beneficio de nuestra capacidad de entender.
Imaginarnos, según leemos y ponerle cara a cada acción que encontramos.
Encontrar ideas narradas por otros seres inteligentes.
Capacitarnos en el universo de las ideas claras o complejas.
Encontrar la riqueza del pensamiento. 
Cuando leemos vamos dibujando y poniendo imágenes a lo que aparece en cada línea de texto.
Queremos o creemos que sea así, con esa claridad que dejamos en el leer.
Según el autor, cambian los resultados.
Los hay tan creativos y complejos, que a veces nos cuesta encontrar lo mostrado.
La lectura es descubrir todo un lenguaje lleno de ideas.
Ideas dichas y dibujadas para ser asimiladas, pronto.
Cuando uno lee navega por paisaje llenos de conceptos.
Una narración nos transporta al lugar que desea el escritor.
Decires tras decires se juntan creando páginas.
Palabras conocidas y otras poco utilizadas pueden aparecer.
La lectura es el gimnasio del conocer.
Tienes la obligación de atender lo que vas encontrando.
Hojear es la otra acción, cuando es un libro el que te ayuda en esta actividad.
Así el tiempo se siente útil y va pasando enamorado de lo que tienes entre tus manos.
Leer es otra manera del disfrute.
Es ponerte a prueba para seguir en activo tu proceso de crear.
Con la lectura crees que puedes ser mejor humano.
El valor de una lectura es escribir con sencillez aportando valores complejos.
Cuando un libro te dice que no lo dejes para poderte llenar, es el ideal.
Lo que lees te adorna y se deja estar en tu cabeza.
Dando vueltas y recreando lo que se dice y quiere.
Existir es poder también escribir y leer lo que quieres que otros hagan.
Que forma tan maravillosa de estar si te esfuerzas en leer asiduamente.
Llenarnos de letras, palabras y contenidos es todo un disfrute.

Los libros que lees son la aventura y el tesoro, que nos mantienen erguidos en este mundo cotidiano.